Crisis y confianza

Publicado en Revista Hacer Empresa


Asumamos que estamos en los albores de una recesión; en cada empresa esto exigirá diferentes acciones pero hay una que suele ser ineludible, pues solo puede abordarse en las épocas duras: construir confianza.


Las crisis son parte de la vida empresarial. Percibirlas como un fenómeno anómalo de la vida comercial es casi como afirmar que en la agropecuaria las sequías son algo excepcional. En ambos casos, se trata de una variable más, recurrente,que el empresario ha de considerar en su estrategia. Los períodos de bonanza y de recesión se convierten en un continuo. Dirigir bien en tiempos de crecimiento es hacerlo considerando que en el futuro habrá recesión, mientras que en tiempos de crisis, además de hacer todo lo necesario para sobrevivir, el norte tiene que estar en la futura recuperación.

Hay personas que cuando se enfrentan a una crisis actúan como si fuera para siempre: inclumplen compromisos, negocian deudas en forma oportunista, reducen la calidad de sus productos, aprovechan cualquier resquicio de posición dominante con empleados, proveedores y clientes. Suele darles buenos resultados. El problema, para estas personas, es que las crisis no son para siempre. Llega un momento en que hay que volver a acudir a los mismos proveedores, clientes y empleados de los cuales nos aprovechamos. Pero estos ya no son los “mismos”. Han aprendido y actuarán en consecuencia.

Asumamos que estamos en los albores de una recesión y que la gerencia ha actuado con responsabilidad durante la bonanza, creciendo y cosechando resultados pero a la vez fortaleciendo la empresa para la crisis siguiente – léase, por ejemplo, mejorando la estructura financiera y la posición de caja–. Si este es el caso, un buen empresario aprovechará los malos tiempos para construir las bases de la siguiente fase. En cada empresa esto exigirá diferentes acciones pero hay una que suele ser ineludible, pues solo puede abordarse en las épocas duras: construir confianza.

En la crisis pasada, seis años atrás, hubo empresarios que sabiamente decidieron no exagerar en la forma en que re negociaron con sus proveedores. Lo mismo sucedió en el trato con sus empleados. En momentos en que las pretensiones por más salario se reducían debido al fantasma del desempleo, también hubo quienes decidieron no pasarse de la raya con las condiciones laborales que presentaban a sus trabajadores.

De la misma forma, hubo empresas que en momentos en que sus competidores dejaban sin servicio, sin crédito o sin suministro a sus clientes de toda la vida, apostaron, dentro de lo que su posición les permitía, a mantener, o incluso ampliar, el servicio que venían dando o a encontrar fórmulas originales para no asfixiarlos financieramente.

Sin lugar a dudas, desde una perspectiva de corto  plazo, estas empresas “lanzadas” cosecharon menos resultados y se expusieron a mucho más riesgo que las que actuaron en forma oportunista. Seguramente fueron tachadas de ingenuas o irresponsables. Pero por aquello de que “todo cambia”, cuando la crisis pasó, comenzaron a cosechar más pedidos de sus clientes, mejores condiciones de los proveedores y un trato al menos no tan agresivo de parte de sus trabajadores. Estas empresas, que son las que merecen ser llamadas “responsables”, son las que apuestan al crecimiento sostenible. Su foco en el largo plazo les permite aprovechar cada ciclo económico, no sólo para cosechar, sino para potenciar la siguiente etapa; y de esta forma, un círculo virtuoso se va desarrollando, favoreciendo a la propia empresa y a todos sus stakeholders.

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