La hora de la prueba

Publicado en Café & Negocios


Nuestra nación se enfrenta al comienzo de un momento de cambio. Cambio de presidente pero más que nada cambio de entorno internacional. En diez años de crecimiento sostenido los uruguayos hemos aprendido a monitorear la tasa de la Reserva Federal y el crecimiento declarado por China, pues en estas dos variables descansa gran parte de nuestra suerte económica. Sabedores de que es poco lo que se puede hacer para influir en ambas variables, nos hemos dedicado a aprovechar la coyuntura. Para algunos esto se ha traducido en inversión, para otros, los más, en simple consumo. Por primera vez desde el 2003 hay consenso de que ambos indicadores muestran signos de desgaste. Los economistas consultados por los medios coinciden en que al menos será un año de menores crecimientos. La soja se cayó y China parece haber racionalizado su crecimiento. Sin estos dos motores la economía avanzará pero a un ritmo cansino.

Razones para trabajar más y mejor

Si el cambio en las condiciones económicas pasa de la lluvia del dinero fácil de los últimos años a una sequía, a unos chaparrones o apenas a intermitentes garúas, el tiempo lo dirá. Lo seguro es que las empresas, para vivir como lo hicieron hasta ahora, van a tener que trabajar más. Esto no necesariamente es malo, incluso puede ser un beneficio. Los tiempos difíciles exigen no solo trabajar más, sino más importante aún trabajar mejor.

Errores inadmisibles: cuando no hay abundancia el costo de los errores se puede volver prohibitivo, sencillamente por aquello de que se está trabajando sin red de contención debido a que las reservas o simplemente los márgenes no dan para compensar errores.

Reflexión obligada: la conciencia de que se tiene menos margen para los errores presiona a pensar antes de hacer, lo que termina obligando a analizar la realidad circundante y definir con la mayor precisión posible el futuro que se quiere construir. Contar con un panorama correcto de la situación presente, que es lo que es y no lo que se quiere que sea, a la vez que asumir con propiedad el futuro que se desea alcanzar, que no será el que la vida lleve sino el que se desee que sea, es un enorme paso para reducir la comisión de errores.

Estrategia sólida: la falta de bonanza no permite aventuras estratégicas sin sustento. O peor aún, estrategias que son simplemente el aprovechamiento de oportunidades que en mucho se parecen a simple oportunismo. Habiendo poco viento, si se sabe bien en cuál puerto se está y a cuál se ha elegido ir, el capitán está obligado a preparar el mejor plan de aprovechamiento de las fuerzas eólicas, estudiando al máximo su ruta de navegación pues sabe que si se equivoca, las condiciones externas quizás no le den una segunda chance.

Liderazgo sereno: la falta de resultados tiende a turbar los espíritus más débiles. En estas circunstancias los mandos deben hacer su trabajo pero además hacerlo fomentando un ambiente de serenidad y confianza. Cuando los resultados escasean, solo los líderes que mantienen una línea de trabajo coherente pueden crear ese ambiente, lo cual exige estar atento a los detalles volcándose hacia los suyos para sostenerlos cuando parezca que flaquean.

Y al final, prados verdes otra vez

Los tiempos difíciles no son eternos. Así como un día llegaron debido a lo que pasa allende el mar, en algún momento las mareas volverán a llevárselos. Y cuando esto suceda, aquellas empresas que hayan entrenado durante la época seca, y triunfado o al menos sobrevivido sanamente, se encontrarán en la mejor situación competitiva. Una organización aceitada, sin grasa, crecida por su performance en las malas, hasta con un cierto sentido épico que amalgama y une de golpe se enfrenta a una situación diferente. Vientos fuertes y estables en lugar de débiles y arrachados. La oportunidad se presta para desplegar todo el velamen pero no todos tienen el trapo disponible, los marineros entrenados, los cascos limpios y afinados. Es el momento de cosechar de aquellos que en los tiempos difíciles supieron preparar la organización, no solo sobreviviendo que parecía era lo único que hacían, sino entrenado silenciosamente para cuando cambien los vientos.

Capitanes de agua dulce

Los tiempos difíciles son buenos para los buenos capitanes. Por el contrario, cuando hay bonanza cualquier capitán sirve por ello los buenos capitanes ven menguado su retorno. Es difícil hundir el barco en días soleados y por ello, con ese clima, los buenos capitanes no son muy valorados. Pero cuando llegan los tiempos difíciles se acaba la fiesta. Hay trabajo para menos capitanes pero los buenos son los que son requeridos. Entre otras cosas pues si el que contrata no distingue bien entre buenos y malos, luego de algunos meses de mando la calidad se hace evidente.

Vendrán tiempos regulares, malos o muy malos. El mundo exterior lo dirá. Pero no son malas nuevas para los buenos directivos. Incluso hasta pueden ser buenas.

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