Inseguridad, un problema más teórico de lo que parece

Publicado en Café & Negocios


La sensación de violencia y desamparo que una parte muy importante de la población está percibiendo en el fin del año 2011 no tiene puntos de comparación con lo que esta generación ha vivido antes.

Hay quien dice que el problema es solo una percepción equivocada, una sensación térmica alimentada por medios de prensa mal intencionados. En realidad, este argumento cada vez se oye menos, pues el humor de la gente de a pié no está como para escuchar este tipo de teorías. Y quizás en esta palabra concreta está la causa del problema.

Las teorías son solo teorías

Las teorías nos acompañan a lo largo de nuestro obrar. Aunque no lo racionalicemos, cada uno de nosotros cuenta con un paradigma dominante que le ayuda a comprender la realidad que lo rodea, a la vez que a tomar decisiones en forma congruente con un modelo de pensamiento. Que este paradigma no sea perfecto no es un problema. Todos convivimos con paradigmas que no logran explicar el cien por ciento de lo que sucede a nuestro alrededor. Y como somos concientes de ello, nos mantenemos atentos a la realidad que nos exige “flexibilizar” la teoría.

En concreto, la teoría ayuda y es necesaria, pero comprendemos que es solo una ayuda para interpretar la realidad. Todo se comienza a complicar cuando se asume, con valor casi de fe religiosa, que la teoría, el paradigma, es la realidad. Lo que lleva a que toda vivencia que no encaje con el paradigma, sea definida como irreal, equivocada, o peor aún, una manipulación intencionada.

Si volvemos al problema de la seguridad ciudadana, encontramos que hay personas que insisten con el argumento de que la violencia en el crimen nada tiene que ver con el fracaso de la educación formal, con el desprecio por valores familiares tradicionales, con el menoscabo a la autoridad, ya sea la del padre en la casa, el profesor en el aula, el policía en la calle o el portero en el estadio.

El modelo que alguien les contó, y que ellos creyeron, dice que la gente es buena, cuanto más necesitada económicamente más buena aún. Y parte de esta gente buena se ve empujada irremediablemente a delinquir. Con este razonamiento, hasta aceptan que si delinquen ni siquiera serían culpables de delito alguno pues es la propia sociedad la que los hizo delinquir y, por tanto, ella es la culpable.

Reconozcamos que es una visión romántica con cierto atractivo, que incluso hasta puede ser compartida desde un punto de vista lógico y ni que hablar sentimental. Pero el problema es que es una teoría. Como teoría es válida, si solo queda en eso. Cuando se la desea utilizar desde un punto de vista normativo, esto es, utilizarla para tomar decisiones en la vida real, la situación cambia, pues su potencial de daño crece exponencialmente.

Una teoría no es válida solo por ser enunciada y por su consistencia con una ideología o fe religiosa. Como escribió el mismo Popper con motivo de la actitud que tomó Einstein acerca de la validez de la teoría de la relatividad, …fue una gran experiencia que ejerció duradera influencia sobre nuestro desarrollo intelectual (…) lo que me impresionó más fue el claro enunciado del mismo Einstein en el sentido de que consideraría insostenible su teoría si no satisfacía ciertas pruebas (…) era una actitud completamente distinta del dogmatismo de Marx, Freud, Adler y aún más de sus adeptos. Einstein estaba buscando experimentos fundamentales cuya coincidencia con sus predicciones de ningún modo demostraría su teoría; en cambio, como él mismo lo señalaría, una discrepancia determinaría que su teoría fuese insostenible. Por mi parte, yo pensaba que esa era la auténtica actitud científica.[1]

Inseguridad, ¿relativa?

Lamentablemente el problema de inseguridad no va a poder arreglarse como la mayoría desearía. Llevó años que se produjera este desmejoramiento, y por lo tanto, una solución sana y sostenible habrá de exigir también un largo tiempo de esfuerzo y responsabilidad. Pero algo hay que hacer, más allá de lo que muchos están haciendo. Esto es enrejarse, armarse, desconfiar de cualquiera que no nos guste el aspecto, suspender actividades hasta poco tiempo atrás usuales, como salir a correr por algunas partes de la rambla, dejar que los niños jueguen en la vereda y cosas por el estilo.

Como mínimo es necesario que con la misma honestidad intelectual de Einstein expongamos nuestras certezas, no ya teorías, acerca del delito a la prueba de validez que menciona Popper. Más aún, quizás sería provechoso reflexionar acerca de otra consecuencia que en los tempranos años veinte del siglo pasado siguió a la teoría de la relatividad, cuando comenzó a difundirse, por primera vez en un ámbito popular, la idea de que ya no existían absolutos: de tiempo y espacio, de bien y mal, del saber y, sobre todo de valor. En un error quizás inevitable, vino a confundirse la relatividad con el relativismo.[2]

Confiemos que si como sociedad, cada uno asumiendo el papel que le toca por su cargo y responsabilidad, logramos ponernos de acuerdo en el paradigma correcto, de a poco comenzaremos a dar los pasos en la dirección acertada que nos permitan volver a vivir como alguna vez supimos hacerlo.


[1] Kart Popper, Conjetures and Refutations, Londres 1963, pp. 34.

[2] Paul Johnson, Tiempos Modernos, Ed. B Argentina 2000, pp. 16.

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