CCCP: al final quizás sirva para algo

Publicado en Café & Negocios


Ingeniero, contador, abogado, técnico en esto o aquello. Para estos saberes hay todo tipo de medios de enseñanza y formación. Tanto es así que ya no solo importan los estudios que una persona puede acreditar sino cuál es la institución que los acredita. En estos tiempos en que se ha vuelto un lugar común afirmar que lo diferencial son “las personas”, vale resaltar que la gran preocupación de los empresarios en serio, aquellos que desean hacer cosas grandes y bien hechas, no suele estar en acertar en las capacidades técnicas de sus mandos medios. Para ello cuentan con las señalizaciones que la educación formal les provee. Donde se sienten desnudos es en acertar quiénes tienen capacidad directiva, capacidad para recibir una responsabilidad y llevarla a buen puerto sin ampararse en protocolos afinados y detallados que solo exigen una ejecución mecanicista.

Obviamente aquí es donde comienzan los problemas. No hay elementos formales a los que acudir. No hay nadie que expida un certificado acerca de la capacidad directiva. Aquí no hay más remedio que desarrollar algún test para tratar de adivinar si ese candidato es un directivo en potencia, o si por el contrario, es un excelente conocedor de técnicas y un notable ejecutor de todo aquello  evidente que debe llevarse a la práctica. A continuación presentaremos cuatro cualidades que deberían visualizarse en aquel que tiene madera para recibir encargos complejos (La enseñanza de la Dirección, Carlos Llano). Como siempre es bueno facilitar alguna regla nemotécnica para que la memoria no se sienta tan sola, recurriremos al acrónimo que lucían las camisetas de los jugadores de la extinta Unión Soviética, CCCP. Si bien puede parecer que poco tiene que ver una cosa con la otra, quizás reflexionar sobre la enorme preponderancia que en aquella fracasada utopía se le daba a los técnico por sobre lo criterioso nos puede ayudar a mantenernos vigilantes acerca de una verdad que cualquier hombre de empresa tiene muy presente: saber hacer es imprescindible, pero saber qué hacer es vital.

Circunspecto: se le llama así a aquel que atiende bien a las circunstancias que deben ser tenidas en cuenta en un momento y lugar determinados. Circunspecto es aquel que tiene la habilidad de ver lo que es diferencial de un dilema sin perderse en el montón de hechos anodinos. Es aquel que percibe rápidamente “aquellas (circunstancias) que pueden ser útiles para modificar el juicio”, lo que conviene hacer. El circunspecto es buen observador y descubre las anomalías poco nítidas que el atolondrado no descubre.

Cauto: si bien toda acción se ordena hacia un objetivo que se quiere lograr, también es cierto que han de tenerse en cuenta las eventuales dificultades o imprevistos que pueden suceder. Toda acción, por buena que sea de cara a alcanzar un objetivo, siempre presenta efectos colaterales no deseados. El directivo cauto sabe descubrir esos riesgos y se anticipa a ellos, vigilándolos, previendo planes de contingencias por si suceden, o simplemente reconociendo que un plan de acción notable, puede ser no recomendable por los riesgos muy elevados que conlleva. No suele ser cauto el soberbio, brillante técnicamente, que se niega a reconocer que todo plan, por bueno que sea, tiene necesariamente un flanco débil que considerar.

Capacidad de consejo: si bien es cierto que las decisiones que uno tiene que tomar no las puede delegar en otro, también es muy cierto que esto no quiere decir ignorar a los demás para asegurar lo más posible que lo que voy a hacer sea lo correcto.  Hay personas que son incapaces de tomar una decisión, y esto es algo malo, pero no es bueno despreciar la posibilidad de pedir consejo a quien realmente lo pueda dar para así potenciar la probabilidad de éxito. La soledad del directivo es real al momento de decidir, pero no es tal en los momentos previos, en los cuales conviene saber quién puede aportar información y reflexión. No cumple con esta condición quien es temerario, por oposición a valiente.

Previsor: el previsor es aquel que además de ser bueno en anticipar las dificultades y problemas, es bueno en descubrir dónde están las soluciones. Se trata de una persona que mientras trabaja en el día a día va observando y registrando esos medios que hoy parecen poco útiles pero que anticipa que le pueden ser válidos para algún problema futuro. El directivo previsor no es aquel que merece ser tachado de estéril, en cuanto no es capaz de desarrollar alternativas imaginativas a los problemas que anticipa. En realidad, es una persona que destaca por sorprender con formas originales de hacer, cuando el resto de las personas se encuentran enfrascadas en chocar una y otra vez contra el mismo escollo.

Estériles o previsores, temerarios o abiertos al consejo, soberbios o cautos, atolondrados o circunspectos. Conviene hacer un inventario en estas categorías. Importa que el nivel de más alta dirección de la empresa preste atención a esos mandos medios que a veces se denomina high potential. No es algo para delegar en el área de recursos humanos, es quizás lo más estratégico que un empresario con ganas de trascender puede hacer. Y todos sabemos que lo estratégico no se delega.

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