¿Quo Vadis Uruguay?

Publicado en Revista Hacer Empresa


A principios de enero la publicación The Economist publicó su tradicional Pocket World in Figures. Se trata de un pequeño folleto con cifras de 182 países. Según ellos mismos lo presentan, is a treasure trove of fascinating data that will both inform and entertain. Sin lugar a dudas que genera curiosidad, y ello siempre entretiene. Apenas uno lo abre comienza a buscar su país, o a tratar de relacionar preconceptos con realidades. Ciertamente cuesta mucho encontrar a Uruguay. Aparece muy poco, y quizás no de la forma que un oriental amante de su patria esperaría. En realidad esto no es preocupante. Los uruguayos vivimos en Uruguay y sabemos que nuestro país es mucho más que un ranking. No hay ranking que exprese  Como Uruguay no hay, Somos un pueblo que destaca por su nivel cultural, La seguridad que hay en Uruguay no se paga con nada. Después de todo, muchos de los datos incluyen la terrible crisis del año 2002, la aftosa del 2001 así como la sequía del 2000. Pero al menos para entretener un lluvioso día de enero no deja de ser adecuado. También uno puede matar el tiempo tratando de informarse acerca de otros países que para el oriental medio no son muy conocidos. Por ejemplo, ¿cómo es el nivel de vida en Estonia?, ¿cuántos desempleados habrá en Haití?, ¿y la deuda externa de Marruecos?

Quizás el clima en algún país lejano, por ejemplo Andorra, tampoco sea el más propicio para actividades al aire libre. Puede que allí haya una persona que recibe The Economist y lo use para matar el tiempo de la misma forma que quien escribe. Luego de mirar los datos de su país buscará naciones que no conoce, y quién le diga, decida informarse acerca de Uruguay. No deja de ser interesante hacer el esfuerzo de adivinar cuál sería la visión que esta persona podría formarse de nuestro país. Posiblemente comenzaría así: Uruguay es un país poco conocido, que destaca, para bien o para mal, en menos del 10% de los rankings allí publicados. Por lo que se puede ver en ellos, tiene uno de los sistemas más centralizados que existen, pues hay sólo 6 países en el mundo que concentran tanta gente en una sola ciudad – y eso que dos de ellos son ciudades estados-; por otra parte, se ve que en el campo no vive nadie, pues el 93% de su población habita en centros poblados – sólo trece países en todo el mundo son tan urbanos-. No se entiende mucho cómo logran ser calificados entre el grupo con alta calidad de vida, pues sus calles y carreteras  son una de las veinte más congestionadas del mundo, no tanto por tener pocos kilómetros cuadrados de asfalto sino debido a que están en el lugar 48 en cantidad de autos por habitante. Obviamente su sistema de transporte público no ha de ser muy atractivo. Otra cosa que llama la atención es que siendo el cuarto país en el mundo en cantidad de policías por habitante termine figurando dentro de los veinte primeros lugares en lo que hace a número -por habitante- de denuncias de delitos. Estos problemas de seguridad quizá estén vinculados a que este país poco conocido parece no tener un concepto de familia muy arraigado: está en el lugar 37 en cuanto a número de divorcios por habitante, y sólo hay 17 países con hogares tan pequeños como los de allí.

Por otra parte, parece que los hombres la pasan bastante bien. Es uno de los países en que es más económico vivir – sólo hay 16 más baratos-. Quizás por eso puedan obtener una posición tan destacada como degustadores de vino; tiene el séptimo consumo per cápita más alto del mundo, lo cual también explica en parte que el 17% sean considerados obesos – no está mal, un puesto 22 para los gordos-. Aunque esto pueda traer problemas de salud no han de estar muy preocupados, pues Uruguay es el sexto país del mundo en cuanto a gasto de salud en función del PBI; si hablamos de cantidad de médicos, otro punto destacable, sólo diez naciones tienen una densidad de galenos por habitante mayor que ellos. Sobre las mujeres se dice poco, pero lo poco que hay no son buenas noticias: 13ª posición en cuanto a cáncer de mama en términos relativos.

En cuanto a trabajo y actividad económica, son el 7º productor mundial de lana y sólo cinco países logran una eficiencia energética tan alta. Esto último, en parte, quizás explica que luego de Finlandia y Noruega sean el país que muestra el mejor índice de sustentabilidad ambiental. No esta mal, aunque si vemos que ha pasado con su industria en el decenio finalizado en el 2003, encontramos que logran un esforzado 10º puesto en cuanto a los países que han crecido menos en promedio en su producto industrial. Por lo visto, industria poco. Así no es tan difícil tener un ambiente limpio. Seguramente sean fuertes en servicios … pero no, tampoco. En el mismo decenio, su sector servicio ha sido uno de los 12 con más bajo crecimiento a nivel mundial. No es raro entonces que destaquen en desempleo – 12ª posición -, lo mismo que inflación, 25ª premio a la inflación más alta en el quinquenio 99 – 04.

Por último, se ve que no son muy responsables, pues deben hasta lo que no tienen. Para el período 2001 – 2003 son una de las 30 economías más endeudadas en relación a sus exportaciones y una de las 20 más comprometidas si consideramos el ratio de intereses y amortizaciones anuales de deuda externa en función de exportaciones de bienes y servicios.

Usted amigo lector quizás no esté de acuerdo con esta interpretación de los datos que un aburrido andorrano podría llegar a realizar. Pero, ¿no le ha llamado la atención?, ¿no le provoca un sentimiento extraño?, ¿no seremos quizás algo diferentes a lo que siempre nos han enseñado que somos? Existe la posibilidad de que algunos rankings puedan tener errores metodológicos, datos de base distorsionados o errores en sus fuentes de datos. Pero no olvidemos que es una producción de una de las empresas editoriales más respetadas del mundo entero. También es cierto que la crisis del 2002 más la aftosa y la sequía influyen en los datos. ¿Y los demás países? No se olvide que son 182, y muchos de ellos habrán tenido también acontecimientos extraordinarios en estos últimos años. 

Si la interpretación de nuestro amigo andorrano – ¿un potencial inversor?- fuera al menos parcialmente acertada, usted, ¿se sentiría satisfecho?, ¿no cree que habría llegado la hora de mirarnos a nosotros mismos como los de extramuros están acostumbrados a hacerlo? Los otros 181 países avanzan o retroceden más allá de lo que nosotros creemos que somos. Podemos seguir pensando y actuando a la uruguaya – vaya uno a saber qué quiere decir esto hoy en día-, es nuestro derecho y nadie de afuera nos lo puede impedir. Pero el resto del mundo también tiene sus derechos, y uno de ellos es trabajar de la forma más adecuada para lograr el bienestar de su población, sin detenerse a esperar a los que no parecen querer hacerlo.

¿Cree usted que estas líneas son pesimistas? Se equivoca. No hay optimismo mayor que el realismo. Sólo a partir de una serena comprensión de cómo hemos llegado hasta esta situación podremos comenzar la revolución cultural que tanto necesitamos. Revolución que no es otra cosa que volver a inculcar a las generaciones jóvenes el gusto por el trabajo bien hecho,  la búsqueda de aspiraciones grandes y desafiantes,  el coraje de asumir compromisos y la vergüenza de mantenerlos. ¿Le parece difícil, ingenuo quizás? Es posible. Pero si usted y yo intentamos cambiar, puede estar seguro que habrá otros que nos seguirán. Y llegará un día que la revolución se habrá convertido en una realidad. Y ese día, por qué no en otro enero lluvioso, repasar el Pocket World in Figures se convertirá en una experiencia gratificante.

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